| El arte de viajar. Viajes con encanto por el mundo |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
| inicio |
|
Rumania, el jardín de los Cárpatos |
Ruta por los monasterios pintados de Bucovina, Patrimonio de la Humanidad Javier Leralta |
El día ha amanecido soleado y con algo de frío. Una bruma alta esconde los montes de abetos que abrazan el monasterio de Voronet, en Bucovina, región montañosa situada al norte de Rumanía, cerca de Ucrania, territorio que perteneció al imperio austrohúngaro hasta principios del siglo XX. Los puestos ambulantes de recuerdos muestran tantos objetos que resulta difícil decidirse por un regalo que resuma la estancia en el lugar: tal vez un icono –piensa el viajero-, o mejor, un huevo pintado, ¿y qué tal una cuchara de madera artesanal? Al final, el viajero se queda con la observación de un pajarito, un carbonero común que rompe el silencio del recinto con su trino matutino. |
![]() |
![]() |
![]() |
| Al otro lado del muro monacal, un grupo de turistas atienden las explicaciones precisas y entusiastas de la monja de Voronet, y observa con detenimiento y admiración la grandeza del paisaje pictórico, muy bien conservado después de cinco siglos de historia. Sobre un fondo azul de lapislázuli, los demonios luchan con los ángeles que intentan expulsarlos del lugar sagrado. Justo a la derecha, un grupo de malhechores, representados por papas, reyes, judíos, turcos y tártaros, esperan el juicio final mientras un río de fuego se lleva a los pecadores. | |
| Estas escenas forman parte de los frescos del Juicio Final, pintados a mediados del siglo XVI y considerados por muchos entendidos como la Capilla Sixtina de Oriente. Y no les falta razón.Los detalles son de gran belleza por su rico colorido como la escena de los ángeles que aparecen tocando el “bucium”, un instrumento de viento de los pastores rumanos, una especie de bocina gigante hecha de madera. El cenobio femenino de Voronet forma parte de la red de monasterios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Se encuentra a las afueras de Huru Humurului, una tranquila y dispersa localidad agrícola integrada en un magnífico paisaje, suave y salvaje, del sector norte de los Cárpatos, rayando con Ucrania y Moldavia. El viajero no sale de su asombro al saber que el recinto tardó en construirse menos de cuatro meses, allá por 1488.
|
|
Le cuentan que en Humor, cerca de Voronet, queda otra iglesia, también con maravillosas pinturas fechadas en 1535. Y allí se acerca y comprueba que las mejores son las del lado sur donde se representa el Consejo de la Virgen y el Asedio de Constantinopla. Al igual que muchos los viajeros, se pregunta cómo se han podido conservar las pinturas en tan buen estado después de cinco siglos al aire libre y de tanto saqueo e incendio. Y la respuesta es bien sencilla. Todas las iglesias están rematadas con aleros y cornisas muy salientes que protegen las pinturas de las ventiscas del lugar, de los rayos del sol, y además se encuentran en el centro de un patio monacal rodeado de altos muros que hacen de parapeto de las envestidas de los vientos moldavos y del duro clima del lugar. Aún así, el nivel de conservación de las pinturas es desigual dependiendo de la orientación de las paredes: como norma, están mejor conservadas las del lado sur que las del norte. Después de disfrutar de la belleza de Voronet (tan interesantes son los frescos como los paisajes y las costumbres etnológicas) al viajero le espera las maravillas de los monasterios de Moldovita y Sucevita, con magníficas pinturas exteriores e interiores. |
|
![]() |
![]() |
![]() |
La iglesia del primer monasterio es otra joya del arte bizantino. Cuenta con un porche de entrada de altos arcos donde se ve la escena del Juicio Final, un Árbol de Jesé pintado en la fachada sur y un interior cargado de santos y mártires de magnífica factura, poco afectados por el hollín de las hogueras. Al lado del porche se encuentra un pequeño museo sacro que muestra los bordados realizados por las monjas. Pero la mirada del viajero se detiene en un grupo de paisanos, niños y adultos, ocupados en la decoración de huevos, una de las señas de identidad de la región, un recuerdo de obligada compra. |
El siguiente lugar de parada es el monasterio de Sucevita, otro rincón montañoso rodeado de suaves colinas y bosques de hayas, abetos y osos. Es el recinto monacal más grande y se asemeja a una fortaleza medieval por sus torreones defensivos y fuertes y altivos muros con su correspondiente paseo de ronda. Precisamente sus pinturas son las mejores conservadas gracias a la altura de los muros. Le cuentan que dos artistas de la escuela de Moldava decoraron la iglesia con tonos azules, rojos, verdes y sobre todo dorados, tomando como referencia el arte de la miniatura. Maravilloso el interior. Los pasajes que más llaman la atención del viajero son La escalera de la virtud, donde ángeles, justos y pecadores asisten a la ceremonia del Paraíso, y el Juicio Final, donde aparecen los turcos, enemigos históricos de los rumanos.
|
![]() |
El viajero presta atención a los comentarios del guía que explica que la escena no pudo terminarse porque el artista murió al caer del andamio en el que estaba trabajando. Cierran el circuito de los monasterios pintados de Bucovina los recintos de Putna y Arbore. El primero es uno de los lugares sagrados más queridos por los rumanos, levantado justo donde cayó la flecha lanzada por Esteban el Grande desde la cima de una montaña próxima. La leyenda del príncipe moldavo inunda todas las dependencias del valle. Por su parte, la pequeña iglesia de Arbore, (30 km al oeste de Suceava, la población más importante de la región), es la que narra más historias en sus muros. Fueron pintadas por un único artista, Dragos Coman, y el templo se utilizó como capilla nobiliaria. |
+ información: www.gurahumorturism.ro / www.inforumania.com / www.romaniatourism.com |